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El siglo XV marca las primeras referencias de la cuchillería en Albacete

Al parecer la cuchillería fue heredada de los musulmanes; algunos caracteres estilísticos e iconográficos de las piezas y varios indicios documentales indirectos así parecen indicarlo, pudiendo ser la vecina Chinchilla, que fue enclave de cierta importancia en época islámica, la que influyera en ello.

Las primeras noticias que conocemos, muy escasas, proceden del siglo XV y dan la impresión de que por entonces la actividad cuchillera en Albacete no tenia aún relevancia. Del siglo XVI conocemos, igualmente, pocas referencias, pero algunas pueden indicar cierto desarrollo, y de esta época son los ejemplares más antiguos de los que tenemos constancia: unas pinzas realizadas en 1573 por un maestro apellidado Torres y unas tijeras que pertenecieron a la colección Rico y Sinobas. De la segunda mitad de la centuria ya tenemos testimonios documentales con nombres de varios espaderos y cuchilleros albacetenses.

La literatura de Cervantes da cuenta de la navaja clásica española

La navaja clásica española apareció al final del siglo XVI. Más tarde (siglo XVII) dan cuenta de ella, en la literatura de Cervantes. En los siglos XVII y XVIII, los cuchilleros florecieron en la región albacetense, la fabricación de navajas estaba en manos de moriscos de la región, que eran muy hábiles artesanos para fabricar cuchillos y armas blancas. Del siglo XVII hay muchos testimonios y se conservan numerosas piezas fechadas en el ultimo tercio de la centuria, lo que significa que por entonces, sin que sepamos con certeza las causas de ello, Albacete ya contaba con una destacada y consolidada manufactura de cuchillos, puñales, navajas y tijeras. El 90% de los talleres estaban situados en la calle Zapateros y un pequeño grupo, el 16% de los censados, en la Puerta de Chinchilla. El emplazamiento y los nombres de muchos maestros y oficiales espaderos y cuchilleros de la villa en el periodo se conocen, en gran parte, gracias a las investigaciones realizadas por Martínez del Peral; entre los menestrales destacaban algunos que llevaban los apellidos Alcaide, Arias, Benítez, García, Gómez, Martínez, Montero, Torres, Vicén Pérez y Ximénez.

El siglo XVIII y el esplendor cuchillero de Albacete

Tanto los testimonios documentales, como las obras, ya son abundantes en el siglo XVIII; es, sin duda, una época esplendorosa de la cuchillería albacetense, a pesar de que la legislación restrictiva y prohibitiva que afectaba a buena parte de la producción comenzó a ser muy abundante a lo largo del siglo y de que el sistema gremial comenzaba su decadencia y poblaciones renombradas en esta actividad, como Toledo, estaban en aguda crisis. Solamente los talleres de algunos centros catalanes y los de Albacete mantuvieron un alto nivel productivo y artístico; cuando, hacia 1765, Hermosino Parrilla compara las realizaciones de ambas zonas, escribe que “todas las piezas (las de Albacete) son curiosas, y excelentes, tanto que en lo fume igualan a las barcelonesas, pero en lo grabado las exceden”.

Los aportes documentales de Martínez del Peral permiten conocer que el emplazamiento de los talleres se diversificó con respecto al del siglo anterior, no localizándose en núcleos tan bien delimitados y concentrados como antes: la calle Zapateros, con el 32% de las domiciliaciones, seguía siendo el centro del foco más importante, pero tanto ella, como la zona de su alrededor, perdieron peso en el conjunto de la villa ya que allí solamente quedaba el 40% de los menestrales; por el contrario, la zona en torno a la Puerta de Chinchilla no sólo mantuvo su importancia, sino que se expandió por algunas calles limítrofes. A finales de siglo trabajaban unos 18 maestros cuchilleros y a lo largo de la centuria encontramos excelentes artífices, unos que llevan los apellidos anteriores, otros que los tienen nuevos, como Arcos, Castillejos, Cortes, Garixo, Griñán, León, López, Munera, Romero, Sevilla y Sierra.

En el siglo XIX la cuchillería de Albacete gozaba de gran prestigio

En el siglo XIX son numerosos y unánimes los testimonios que indican que la cuchillería albacetense era conocida en toda España y en diversos lugares de Europa; en este sentido se manifiestan todos los informes económicos, manuales, diccionarios y libros de viajeros de ese tiempo, y en ellos podemos encontrar los primeros datos de la producción, con frecuencia contradictorios, información esta completamente desconocida para periodos anteriores.

Hay que destacar tres características significativas para este siglo: por un lado, la indiscutible celebridad y considerable producción que había alcanzado la cuchillería albacetense a pesar del duro enfrentamiento comercial con las producciones extrajeras, francesas especialmente, que invadían el mercado español, y de las restricciones que una rigurosa legislación prohibitiva imponía; por otro lado, la nula referencia que se observa en todas las fuentes con respecto a las tijeras, lo que coincide con la practica inexistencia de piezas conservadas, circunstancia que nos hace pensar que las espléndidas tijeras de escribanía dejaron de fabricarse a partir de principios de la centuria; finalmente, la creciente implantación de los procedimientos de seriación industrial.

A finales del siglo XIX, el sector tenía considerables dificultades para vender sus productos y con esta tendencia comenzó el recién concluido siglo XX.

Las fabricas más destacadas por entonces eran las de Justo Arcos Aroca, López y Compañía, Sánchez Hermanos, Joaquín Zafrilla y La Industria; algunas ya con la incorporación del motor eléctrico.

Los primeros años del siglo XX y el proceso de industrialización

Un documento de 1908 nos muestra el proceso de transformación que se estaba produciendo en el sector cuchillero de la ya ciudad, con la polarización del mismo en fábricas, escasas, y en talleres, numerosos y, a veces, muy pequeños y familiares; en las primeras, la producción dejaba de ser totalmente artesana y se convertía en plenamente industrial, en línea con la tónica del modelo de industrialización que se crea en las dos primeras décadas del siglo, favorecido después por el periodo de auge que para los cuchilleros de la población significo la Primera Guerra Mundial, y cuyos rasgos estructurales se mantendrían hasta mediados de la década de los cincuenta; en este periodo aparece un grupo de empresarios dispuestos a invertir y a arriesgar en proyectos mercantiles, industriales y financieros.

En 1925 funcionaban doce fábricas de navajas y cuchillos, además de varios pequeños talleres; unos 400 operarios producían anualmente más de 30 mil docenas de navajas. Sánchez Sánchez indica que en 1930, las 14 mayores empresas cuchilleras ocupaban a 434 obreros y que ocho superaban las 100 docenas de piezas anuales, alcanzando cuatro de ellas la producción de 150 docenas de navajas cada semana. La capacidad total del conjunto era de 62.000 docenas anuales, pero la escasez de la demanda había pasado la época de bonanza que supuso la contienda bélica mundial y reducía la producción a unas 40.000.

(Texto cedido por La Cerca)